«Quizás la nostalgia sea un error… pero es un bálsamo para paliar el paso implacable del tiempo». Tal cuál está pegado a la pared. Con la poca sujeción que puede tener un post-it que no es ni de marca, que ha conocido y soportado dos o tres hogares y mudanzas, aguanta firme aunque le ponga enfrente todos los días de verano el ventilador que necesito para estudiar. Y en una pared de gotelé…

Como aquella otra sentencia de la lluvia, ahora lejana, visible siempre para que pueda ser cuestionada, pero indiscutible. Ese era el único fin: que si un día olvidase sin remedio todo lo vivido pudiera o pudiese volver aprenderlo.
No son los sentimientos ni las emociones, nuestros hechos racionales o los pulgares oponibles lo que nos hace ser unos animales diferentes. El ser humano es único por su manera de afrontar los recuerdos. Y eso es maravilloso.
A veces, siempre, lo verdaderamente importante no es el recuerdo que guardas per se. Lo significativo es el cómo. Hay un por qué. Lo que nos define, lo que tenemos siempre presente, las decisiones que tomamos una vez. El pánico de la indecisión.
Créeme, apostemos. Estoy convencido del título.
Todo eso que se sale de lo básico es lo que nos hace grandes.
Deja un comentario