Hacía demasiado tiempo que no veíamos amanecer, y es cruel.
Es cruel ver qué pasaste otra noche en vela estudiando, procurando cumplir un sueño que hasta el propio sueño de pensarlo quita. Y, al menos en mi caso, sigue pareciendo un imposible.
¿A quién le importa? Seguiremos trabajando en ello. Mi obstinación es mayor qué el hastío qué sufro, mi ímpetu y dedicación, mi fortaleza.
Soy de esa clase de personas que nunca deja un sueño por imposible. Día a día me dejo salud y amistad en ello. Pero ya, cada vez más cerca, todo parece cumplirse. Avanzo inexorablemente a un destino qué, el día que lo alcance volveré a colocar más lejos. Un sino: Superación. En realidad, el único posible. La única manera de vivir como lo hago, sobrevivir.
Pero llegara un día en que pueda mirar hacia atrás y sentirme orgulloso de una puñetera vez. Si, estoy convencido. Y esta vez no es sólo una promesa. Es más bien lo único que me queda. De hecho, precisamente lo que siempre me queda.
¿Sabes? Aún vislumbro ese día en que por fin consiga la ansiada banda, para poder contemplarla entre mis manos antes de lanzarla al aire con desidia. ¿A quién le importa?

Deja un comentario