Siempre que me mudo, lo primero que hago es enchufar un equipo de audio, en el centro de la casa o a todo volumen, que se escuche desde todas las esquinas. Para abandonarse, para dejar de pensar y ponerse manos a la obra, fantasear… Es el momento de empezar de nuevo.
Alguien dijo que todo cambio es una mejora, pues de no ser así no lo buscaríamos. Quizás más grande cuanto más lejos vamos, cuanto más complicado resulte volver a casa, a lo conocido o a lo ya confortable; a buen seguro se arriesga más para un mayor premio. Y ya se sabe, que la esperanza por no morir siempre empuja.
Hace días alguien me preguntó que si tenía alguna cajita de los recuerdos. A buen seguro que es un ciento. Disociadas por toda habitación en las que alguna vez tuve mi lecho. Un ciento de mil formas y colores, grandes o redondas, invisibles o tanto más caras que lo que con recelo guardan. Pero eso si, todas impacientes por volver a sumergirme en mis fantasmas recuerdos o lo que ahora se conoce como bohemia. Mil golpes y mis premios. Las conquistas y los errores. También alguna despedida…
Pero somos aventureros, o mejor dicho inquietos por naturaleza, soñadores que siguen andando sin poder despegar los pies del suelo o realistas que fantasean con poder soñar.No hay más. No es poco, pero jamás suficiente. Cambio más de cama que de sustento, más de habitación que de costumbre, pero aún con algo que varíe, siempre me acompañan las mismas canciones. Disfrútalas.

Deja un comentario