Vamos a ello

Espacio para pensar en voz alta de Angel Arias

Tu enfermedad

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Déjame convertirte en la piedra en la que apoyarme. Déjame intentar hacerte feliz al transformarme tu en el hombre que siempre quise. Te siento ya como a una necesidad. Enamorarse no es tan difícil como la gente quiere dar a entender. Yo mismo soy capaz de hacerlo siete u ocho veces al día, basta con que la…

Déjame convertirte en la piedra en la que apoyarme. Déjame intentar hacerte feliz al transformarme tu en el hombre que siempre quise. Te siento ya como a una necesidad.

Enamorarse no es tan difícil como la gente quiere dar a entender. Yo mismo soy capaz de hacerlo siete u ocho veces al día, basta con que la vea tantas veces; aunque la mitad de ellas no pueda ni mirarla a la cara. Hay horas en las que pienso que me gustaría volver a sentir esa irreal exigencia de irrefrenable carne humana, de besar de manera que nada de lo que te rodea pueda hacerte parar, de perder el tiempo y perderse en las horas. Sentirse como dos jóvenes abrazados, ingenuos y desvestidos, curiosos experimentando con la piel y la hiel. Añoro retornar y retomar ese instante salvaje en que todo hombre pierde la humanidad y la razón justo por donde lo dejé. Si me vuelves a enseñar tu cintura, date por muerta.

Conozco un sitio en que lo intelectual y lo físico se confunden y pelean, no recuerdo bien a que altura de mis labios. Quiero a alguien que sea la culpable de quitarme la manía de leer todas las noches menos una. Pequeña de las manos irascibles, hazme crear a todas las horas del día. Concédeme tu cuello por unos segundos y te convenceré para que me desnudes.

Haz que tus palabras me envuelvan hasta desgastarme.

Fuego

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