Como cantaba la fuga, compartir la soledad está muy bien. Pero yo no quiero que ella este sola. Nunca.
Puede que sea el sentimiento mas egoísta que existe, pero realmente la necesito a mi lado todas las noches, porque si no no sé dormir. Mis noches son cada vez mas cortas, pero mis sueños no paran de crecer, más y más. Nunca le dije a nadie que el calor de las mantas lo proporcionaba quien te arropara. Jamaste conté que, ese instante lúcido antes de caer vencido en sueño, lo habita el recuerdo. Y dime cual mejor si no iba a tener. Rememoro mi teléfono avasallando tu tiempo, buscando tantas excusas banales como ávidas de la compañía que ambos nos propiciábamos y que me hacia tanto bien. Y que me hizo siempre querer. Creer.
Hablando sobre lo escrito, lo vivido y lo inventado, lo ficticio siempre sale perdiendo. No existe historia mejor que la que cuenta mi diario, suerte que me lo guardé para mi. No hay amor perdido, que son todo momentos conquistados. Por eso odio quien suelta que, incluso la mas limpia de las amistades, conlleva el deseo personal de no quedarse sólo. Sé que la magia no existe, pues conozco la estadística, pero es el hecho de contar la ínfima probabilidad lo que me hace su más devoto fiel. Piensa la de decisiones que has tomado hasta estar justo aquí. Suerte. Se que existe la causalidad.
Lo mejor de dormir con ella no es dormir protegido. Es el echo de verla sonreír tras descubrirme en el espejo cuando se peina cada mañana.
Me marcho a verte un rato más.
Dulces sueños.

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