(Recomendado leer mientras suena Paradise City, de GnR)
Parece otro domingo en el que volver a Málaga, a preparar la semana que empieza, a volver a la rutina; pero resulta que aquí el invierno empieza a otro ritmo. Empieza diciembre y aún puedes encontrar lugar donde te caliente el Sol. Apenas queda un mes para echar de menos la vida de lejos que tenía antes de emigrar, aunque a veces venga a visitarme.
Este fin de semana lo he vivido acompañado. Un pollo verde que tengo que cuidar y que me despierta por las mañanas. Pero lo que mejor hace es calmarme: me incita a buscar la calma. Y así me ves tirado en la cama con el bicho mirándome raro, piándome cosas que no entiendo, bajo la luz que deslumbra por la ventana. Es el calor que da al acariciarlo lo que me empuja a caer en la hora de la siesta.
El Sábado noche acabó en Domingo y por la mañana el Sol nos dio la buenas noches. Otra vez. Pero esta vez cantaba con el piar de mil golondrinas que dibujando las cien uves decidían hoy emigrar. Y la sensación de correr en la dirección de la naturaleza, el viento de cara y todas esas alas revoloteando a mi alrededor.
Camino a mi rincón cae también la noche, bastante antes de lo que me tenia acostumbrado, la verdad; bastante más cansado de lo que requería la ocasión.

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