Quizás ya no fuese ella. Dicen que, con el tiempo, la mente tiende a magnificar los recuerdos. Aunque pudiese distinguir su rostro a kilómetros de distancia, no lograba recordar su cara. Sólo esos ojos. Maldita sea…
Maldita sean ella y sus ojos.
Por aquél entonces yo lo había logrado asumir. Había sufrido la locura que nunca esperé, la había superado. Y,a pesar de todo lo pasado, no sabía, a ciencia cierta si eran reproches o agradecimientos lo que le rondaban por la cabeza. Esos ojos le habían obligado a conseguir todo aquello que deseaba.
La bofetada resonó en toda la plaza.
Aún perplejo, el seguía mirándola, intrigado, esperando al paso de los acontecimientos mientras trataba de comprenderlo todo, sin siquiera saber si vivía lo que sentía o volvía a soñar con ella fantasía.

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