VAMOS A ELLO MI GENTE!! FINALISTA COMBOCARTE 2013 (enlace externo)
Hoy sólo quiero estar aquí un rato. El examen de mañana no me deja ya ni dormir ni estudiar más, solo pensar. Y tu sueles ser mi único apoyo en situaciones así, al único a quien contarle mis inquietudes me las puede solucionar.
Normalmente, las crónicas de un viaje se hacen a la vuelta, cuando sabes cómo acaba todo. Pero este viaje que es mi vida siempre querrá volver a perderse por ahí… otra vez. Hoy te voy a contar la historia de algo que me ha acompañado durante todo ese tiempo, una pequeña cámara de fotos. Una puñetera cámara, una promesa más y un concurso. Tres sustantivos con pequeñas connotaciones para la que, sinceramente, puede ser es más triste de mis relatos.
Durante meses, momentos, años me ha acompañado, fiel como yo nunca le sabré ser. Desde que mi vida decidió cambiar de ciudad, ha sido lo único capaz de hacerme crecer, de empujarme adelante mientras nadaba a contracorriente. Sus instantes cautivados eran los únicos recuerdos felices de la que sería sin ella la era más solitaria de mi vida. Mi pequeña cosa, mi nosequé.
Un concurso. Mi hermana dice que está harta de que gane algún que otro reconocimiento, de que me salga otro viaje nuevo, otra oportunidad por conquistar. Ella sabe lo que la adoro, que nunca seré un hermanito mayor al uso, sobreprotector, aunque me preocupe por ella tanto o más. Lo único que pretendo enseñarle es que a la suerte hay que ayudarla; que de nada sirve ganar a los dados si no aprendiste a jugar y que las victorias hay que disputarlas para que realmente se conviertan en triunfos. Sólo con saber que está orgullosa de mi es suficiente como para ser feliz.
Pero volvamos a la cámara. Echando una mirada al álbum corroboro que fue el motivo por el que empecé a escribir. A escribir de verdad, a tratar de expresar con palabras firmes lo que pienso y siento. Aprendí entonces lo que significaba escribir y tener quien te lea, tener un motivo por el que querer ser mejor persona. Quizás podría decir más: fue esa estúpida cosa que apareció en mi vida, que todo lo cambia, la piedra angular sobre la que todo gira y parece tener sentido, equilibrio; un equilibrio tan inestático como importante. En ese pico apoyé tanto peso de mi vida, una baranda en un mirador sobre el que colocar los cimientos de toda la casa, para que tenga las mejores vistas hacia el horizonte… y el vacío. Mi indispensable sinsentido.
Entonces aún no era una locura, sino que era la mía. Escribí, sentí. Soñé y viví. Multitud de verbos, como en la canción de los queridos Sortilegio. Sin saberlo, como debe ser en mi edad. Sin pretenderlo, como estas cosas siempre deberían pasar. Con blancos y negros, como en todas las historias reales; pero a todo color, como en las mejores películas. Rojo. Y azul eléctrico. Como ella sola.
Algunos años y pico después, frente a otra oleada de decisiones finales como si fueran los exámenes finales que dirán que eres en el futuro, vuelvo a estar parado frente a un minúsculo instante de mi vida. Como si todo pudiese volver a cambiar otra vez. Temblando.
Una promesa. Solo una de todas las que hice he conseguido cumplir a día de hoy. No olvidarme nunca de quien soy, de porqué y de dónde vengo. No olvidarme de las cosas importantes, las de verdad. Eso no significa que no vaya a cumplir el resto, sólo que tengo que seguir trabajando para ello. Y no creo que deje de seguir jurando. Más que promesas eran metas. La última promesa que hice fue hace unos meses, un nuevo propósito. Cariño mío, visor de mis sueños, tu objetivo tenía que volver a pestañear para mí.
Con el tiempo y el uso, la cámara se rompió. Seguía funcionando, pero no del todo. Cuando nos hacíamos fotos los dos sólo salía uno, ya no conseguía enfocar bien. Definitivamente rota.
Al principio, ineludiblemente, pretendí aprender a vivir con esa parte que fallaba; hacer como si nada y sortearlo como fuese. Quizás volver a aprender, una nueva forma de ver las cosas. Intentas. Intentas pero, por más que te autoconvences, no va a volver a funcionar bien. No dejas de tener presente ese fallo, hasta que llega el momento en que no ves otra cosa que un error. No hay otra salida que repararlo. Ni una foto más.
Por supuesto que seguí escribiendo desde entonces. No puedes dejar que algo que hoy cambia de tu pasado te arruine todo lo que conseguiste entonces. La piedra de apoyo se volvió algo con lo que tropecé, mis cimientos son ahora el vacío sobre el que estoy sin paracaídas. Una de dos: o me mato o tendré que aprender a volar.
Y aquí se juntaron las tres:
Apareció de la nada COMBOCARTE. Un concurso en el que no tenía nada que perder, y desde la estantería, sin carrete ya, ella me dice que sí. Y en la terraza, frente al mismo cielo que siempre me dejabas hacer mío, me prometí que tenía que ganarlo, que necesitaba volver a sentirte entera y que el premio me volvería ha permitir ser feliz.
Iluso. Quise volver a hacerte sonreír estando sin ti. Ridículo.
Más tiempo. Desuso y su desgaste. La estantería se llenaba de polvo mientras pasaba fuera semanas enteras acordándome de ti. Lo irónico es que solo yo se lo que realmente trabajé, pero no hay manera de que dilucide si fue suficiente, de corazón, ahora que llega la hora de examinarse.
Limpiando el polvo un día de estos, la cámara se cayó; contra el suelo otra vez. El miedo se apoderó de mi. Como siempre y siempre. Me viste temblar sin que hiciera frío, como suelo hacer.
Paseo con ella en brazos, de camino al taller, aún decidiendo si seré capaz de preguntar si será posible repararla esta vez. O mejor, decidiendo si seré capaz de volver a soportar otro golpe. Si lo seremos. Como sea que se diga. Creo que se escribe: «si seré capaz de cumplir mi última promesa».
Suena el teléfono y mi hermana me grita:
-¡Capullo!
-¿Qué he hecho ahora?
-¿Podrías dejar de ganar concursos?
Ella ya me ve como un ganador. PUM. Finalista del concurso de Blogs.
-Ni lo he ganado aún, ni voy a dejar de intentar ganar todo lo que pueda y más. -Me salió de ahí, dentro, limpio, solo-.
Y, tal cual, me vuelvo a mi Málaga lejana, a sólo una hora en coche. Aquí ahora puedo ¿refugiarme? ¿esconderme?.. darme tiempo… Un día de estos comenzaré a inventarme las palabras que me faltan.
Un par de semanas después sigo aquí, en tirado frente a la pantalla, haciendo como que estudio o descanso, una noche tras otra, una pesadilla que precede a otra peor. Yo, la persona que nunca recuerda lo que sueña, tengo miedo ahora a quedarme dormido.
Cinco horas quedan para el primero de los exámenes. Debería ponerme a estudiar. Mañana, cuando me despierte, seguramente me presente frente a ti y vuelva a temblar otra vez, a pensar qué diablos voy a hacer contigo. Yo. Quien siempre tuvo más cuentas y proyectos pendientes que el dinero requerido, puedo llegar a pasar unos días de descanso. Yo, quien hizo del reloj un enemigo, puedo ser la primera persona a la que el grillete de una sola muñeca preste algunas horas o se las regale. La persona que tenía todo planeado, en secreto bajo mi máscara de espontaneidad, se ha quedado sin saber que va a hacer mañana.
No tengo miedo del futuro, sino de lo que pueda pasar.
Tu que al hablarte me haces ver que debo hacer, dime: ¿Qué voy a vivir ahora?

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