Hace unos días, un psicólogo decía en la tele que la suerte como azar apenas existe, que es más bien una concepción de cada persona según triunfe en las ocasiones que aprovecha, que era cuestión de aprovechar las oportunidades.
Pues parece que le he hecho caso. Llevaba meses con la oportunidad desperdiciada de pasar más horas paseando por Sevilla, conocerla un poco; pero he esperado hasta una ocasión mejor demasiado tiempo. Y, por supuesto ahora me arrepiento.
Serán esas cosas de hermanos, que resulta ser esa persona que de verdad te conoce desde que eras un enano, que pasan meses sin que habléis y sin que perdáis la confianza. Ser hermanos es tener una de las relaciones más difíciles de perder, imposible de cambiar. Además tiene una ventaja: por largos que pasen los años, siempre os llevareis los mismos.
De vez en cuando hace falta despegar los pies de tu tierra y perderte por ahí con esa clase de personas que nunca conseguirás dejar atrás. Esas pocas personas en tu vida que, cuando te hablan, realmente confías en lo que dicen, te dan el apoyo que de verdad funciona.
Mi hermana me echaba de menos, no como yo a ella… que va. No sabía cuanto.

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