Enfermedad, vicio, locura… Demasiados han sido los nombres que le han puesto al juego. Para mi es solo eso, un juego. Supongo que mientras mantengas la cordura, mientras no juegues más de lo que estás dispuesto a perder, más de lo que tienes para apostar, no hay problema alguno.
-Norma número 1:
La vida es como una partida de poker, es pura estadística, tarde o temprano ha de llegarte una buena mano
Desde pequeño, desde que era tan pequeño como puedo recordar, he pasado largas horas viendo manos y manos de poker. De mi padre aprendí que nunca debes jugártelo todo. Así es como nos abandonó. Desde que era chico, cientos, miles y millones de caras han pasado por mi vista intentando disimular la jugada que preparaban, engañarme con sus apuestas, algunos incluso despistarte con burdas conversaciones oportunas. Pero la sombra de lo que ya había vivido logró equilibrar la balanza, me hizo sensato y paciente. Aunque no lo suficiente como para lograr que dejase de jugar.

-Norma número 2:
El poker es como la vida, recuerda que todo el mundo tendrá buenas y malas jugadas a lo largo de toda la partida.
Cada torneo era una mezcla entre negocio y pasatiempo, trabajo y diversión. Desgraciadamente, el juego me reportaba beneficio tal que no necesitaba de otro sueldo, viviendo incluso holgadamente. Por su culpa nunca trabajé otra profesión ni lo necesité. Aunque no siempre ganase, el balance mensual acababa siempre positivo. La vida es fácil para quien sabe lo que quiere, quien sabe cómo vivir como le gusta.
-Norma número 3:
En la vida, como en el poker, lo importante es saber aprovechar las grandes oportunidades
Un día llegó el gran torneo a la ciudad vecina. Uno de esos a los que todo el mundo quiere asistir, todos quieren probar, conocer a quienes salen por la tele por vivir de esto… Creo que me inscribí más por ocio que por negocio. Y no iba nada mal. Los primeros puestos, como siempre se escalaban rápido; y en unas horas quedábamos algo menos de un cuarto de tantos como empezaron. Me gustaba como estaba saliendo todo, como iba la jornada, como siempre que confiaba en mis cartas, las de los oponentes acababan por darme la razón. Me divertía. Y sin embargo, esa no era la nota dominante.
-Norma número 4:
En el poker, como en la vida, siempre habrá otra partida por jugar.

Lágrimas y sollozos. La partida se torna seria siempre que llega algún niño a recoger a sus padres, algún novato inconsciente que pensaba que esto no era más que una inversión pierde el sueldo de un mes y se desquicia. La cara amarga de este deporte se parece bastante a como lo definen quienes no lo conocen. Y quien es también menos experto, estos despistes acaban echándolo. Pero esta vez no fue mi caso. La mesa final apareció sin apenas darme cuenta, premio seguro.
-Norma número 5:
Jugando al poker, como en la vida, como en todo; disfruta, coño, disfruta.
-Hijo, felicidades. Pareces tan joven como todos esos que se han ido con el rabo entre las piernas. Pero has llegado a la mesa final. Aunque no ganes,deberías ser consciente de lo que has conseguido.
Si, ese sería un buen resumen. Pero la incipiente juventud por fin obnubila mis sentidos y me empuja a perder la paciencia. Quería ganar. Ahora sentía que lo necesitaba. Volví a sentir la sangre correr por mis venas. Pero ellos también. Un tercer premio que no solo no está mal; si no que me anima a volver a intentar ser grande. Algún día.
-Norma número 6:
Vivir el poker sólo te puede enseñar una cosa real sobre la vida: siempre hay algo más que aprender.
Deja un comentario