( Lucid Dreams – Franz Ferdinand )
Los walkys se pusieron tope súbitamente. Parecía que habían estado esperando aquella señal para entrar en acción. Las conversaciones se entrecruzaban, pero los hombres de marino y reflectantes parecían entenderlo
-Pedro, necesito saber dónde ha sido eso. ¿Me escuchas? ¡Necesito saberlo!
-Jefe, en bloque dos falta gente, pero nadie sabe decir si están fuera. Repito, falta gente.
-Aquí afuera parece apagarse. Vamos a entrar a los jardines. Se está propagando.
-Bloques uno y tres me los llevo fuera, aquí nos asfixiamos. Falta gente en los dos.
-Está bien, entrad con los arietes. Los jardines han propagado el fuego a las 4 esquinas, esto puede volverse un infierno. Coged dos más por bloque y un ariete.
-En el bloque 4 ya lo tenemos. Entramos. Avisad a alguien para recuento de civiles. Están saliendo.
-Afirmativo, yo voy.
-Señores, la explosión ha sido en las cocheras…
Como un fogonazo, a mi mente vino la idea del edificio derrumbándose. Una voz volvió a devolverme a la realidad.
-¡Señor vamos! Si pretende ayudar no puede quedarse aquí
Apenas podía escuchar nada entre el ruido, su máscara y la mía; pero fue suficiente para que lo siguiese escaleras arriba de nuevo.
-Jefe. Tengo una mujer aquí abajo conmigo. No le dejo entrar, pero dice que su bebé sigue dentro desde que salió a comprar. Piso 3ºA del 4º bloque.
-Rafe, ese es el vuestro. Prestad atención en esa casa.
Todo lo hacíamos ya a la carrera. Pero Rafael no quiso arriesgarse a posponerlo y aquel fue el primer uso que le dimos al ariete.
-Coja de aquí. A la de tres golpee la puerta conmigo. Dos, ¡Tres!
No pensaba que la puerta iba a quebrarse tan fácilmente, por eso tropecé al entrar. El otro bombero arrancó los trozos pertinente para dejarnos entrar rápidamente, y ahí nos separamos. El pequeño balbuceaba en sueños, se removía inconsciente, pero parecía estar bien. Rafa me lo entregó, con la sábana colgando. Mientras lo arropaba me instó a salir de allí.
-Niño, corre a devolverle la tranquilidad a esa mujer.
-Pero el ariete…
-Ya has sido un héroe hoy. Nos las apañaremos sin ti.
Fue su sonrisa lo que me dejó ir.
El bebé despertó con el llanto de su madre que estalló al verlo y rompió a llorar con ella. Tardó en percatarse de mi presencia, pero al final me lo agradeció entre sollozos, pero yo ya estaba intentando convencer a la gente para que se retirase.

-Chicos, yo que vosotros iba saliendo de ahí, aquí abajo queda poco por rescatar. ¡Corred ya!
Ese sonido grave volvió a sonar. No sé cómo llegó el fuego hasta ahí abajo, pero el garaje desde luego podía ser poco más que un montón de depósitos de gasolina e hierros.
-Limpiad la zona. Marcad un perímetro de seguridad. No quiero que esto se ponga feo…
-Jefe, no des ideas. Creo que ahí abajo tienen el depósito de la caldera de calefacción.
-¡¡Me cag…!!
Nada más.
Rafael y su compañero salían corriendo de la urbanización y a voces contaron a sus superiores la situación, pero esa última explosión había superado con creces el estruendo de todas las demás, y llamaradas de muchos metros salieron escupidas por los respiraderos justo debajo de la entrada al portal 2. Otros dos camiones de bomberos aparecieron para dar apoyo, pero todo indicaba que el fuego se había descontrolado.
Hacía rato que se había ordenado desalojar los edificios colindantes y acordonar toda la manzana. La policía también había acudido, creo que un rato después de que la noche fuese totalmente cerrada, sin luna. Ya habían cambiado dos o tres veces los depósitos de los camiones de bomberos, pero nada parecía estar del todo bien. No podía acabar así, pues todo el mundo estaba ya preparado para algo mucho peor.
No se hizo esperar. Empezó con un leve crujido que parecía hacerse eco repetidamente, sumándose, multiplicándose. Por instantes se volvía a un chirrido, afilado, como el de una estructura de madera podrida, solo que mucho más ruidoso. Venía del interior del vecindario y se extendía hacia fuera. Todo el edificio parecía tiritar.
Supongo que estaba esperándolo, nervioso y emocionado. Sabía que iba a ocurrir, impaciente, aterrado. Como si fuese de plastilina, el edificio 3 empezó a caerse hacia el norte, casi dibujando una diagonal perfecta. Como un romboedro, cayó con el techo paralelo al suelo, con los cimientos fijos y el principio de las paredes flexionando más de lo que llegué a imaginar.
El edificio 2 y 1 cayeron casi al unísono, pues la estructura del uno la pisó el tres, y el dos estaba pegada. El bloque 4 tardó más, no se derrumbó del todo.
———
Un golpe en la cabeza me despertó. Estaba en el suelo de mi habitación, al pie de la cama y con un insoportable olor a alcohol encima, pero igualmente necesitaba un nuevo carajillo para despertarme.
Me acercaba a la ventana con el café en una mano y la botella de Black Swan en la otra cuando se escuchó un estruendo de lejos. Ambos líquidos empezaron a temblar. Casi se me cayó todo del alfeizar al ver entonces a aquél electricista caer de la escalera entre un mar de coches con la alarma encendida.
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