Vamos a ello

Espacio para pensar en voz alta de Angel Arias

Como un par de bobalicones

By

Hay algo mas maravilloso que la habilidad que puede llegar a demostrar una persona, y no es más que la capacidad de dejarlo escapar. Me parece increíble lo distinta que podría llegar a ser cualquier vida con un ligero cambio en el momento preciso. No nos gusta tomar decisiones, pero después de ellas nos sentimos…

Hay algo mas maravilloso que la habilidad que puede llegar a demostrar una persona, y no es más que la capacidad de dejarlo escapar. Me parece increíble lo distinta que podría llegar a ser cualquier vida con un ligero cambio en el momento preciso. No nos gusta tomar decisiones, pero después de ellas nos sentimos poderosos, para bien y para mal.

El ser humano es un ser social porque no consigue reaccionar solo. Le gusta competir. Y mira que lo intento, pero hay días en las que no consigo arrancarle ni el primer bocado a la manzana, no actúo ni me atrevo. No es falta de motivación, es la utilidad de esta. ¿Qué necesito para despertar hoy? Puede que un beso de buenos días…

Me gusta el miedo, por que me hace moverme. Últimamente me odio porque solo consigo despedirme cuando ya no estas, cuando no sirve de nada echarte de menos. Con lo que nos gusta vivir… y seguimos aquí leyendo, esperando.

Sobre la mesa de cama está aquella foto tuya, en la que llorabas. Me recuerda que debo quererte todos los días, por si uno de estos no estás o por si otro cualquiera me voy. Ambos sabemos que mucho ha pasado, ha cambiado, pero no ha sido inútil: una canción debe tener pasión para que pueda transmitir algo, aparte de romper todos los amplificadores por el ruido. Nos solía mover, nos encendía esa bombilla de la originalidad, aunque fuese motivada por algo, a imitación de. Queríamos ser héroes, y lo éramos.

Puede que ya no te vea como antes, cada día. Aunque quizás nunca pude verte así. Sentía tan esa sensación de paz interior como ahora y siempre la necesito y la recuerdo: frágil. Pero cada uno es dueño de su vida, como el derecho inalienable de equivocarse y no aprender del error. No pasa nada, volveré a dejarme caer por ahí, no te preocupes.

Esa maldita foto. Siempre saca lo peor de mi. Me despierta con el odio de pensar que algo puede ir mal, que no fui capaz de darme cuenta a tiempo o, simplemente, que a sabiendas lo dejé escapar. Me pregunto a veces si es peor dejar escapar el tren o ver cómo parte de la estación en vez de fijarme en tomar el que por el otro lado ya entra.

Esa es también la suerte del escritor, o del soñador, o quizás su problema. Puede escribir aquello que no tiene; al fin y al cabo, es una linda manera de vivir, por que no, de falacias  y fantasías. Me gustan los detalles, si, porque suelen sacarme de la rutina que tanto me gusta esquivar y que amenaza con convertirme en mejor persona. Me transformo así, en un completo idiota, bobalicón, todo el día con esa estúpida sonrisa alborotando mi cabeza. No se si llegarás a tener la inmensa dicha de dejarla entrar en tu cuerpo, o la valentía necesaria para dejarte contagiar por mi locura transitoria, pero a mi es lo mejor que me ha pasado nunca y es así como siempre me ha gustado vivir.

A fin de cuentas, por dura que la pieza de fruta sea, siempre tiene otra cara inmaculada que romper a mordiscos. Ahí te quedas, me voy a disfrutar de la playa, tirando piedras que rebotan contra el oleaje de esta noche mansa, a ver si al final le alcanzo o no a la Luna que sale por detrás.

Deja un comentario