Vamos a ello

Espacio para pensar en voz alta de Angel Arias

Con el calor

By

El verano del 2016 fue especialmente atípico: un día lloviznaba y al siguiente terral, un día la bruma ocultaba toda la ciudad y otro ni una nube sobre el cielo. Lo que parecía imposible era evitar ese calor, tan pegajoso y húmedo característico de Málaga. Rondaban las 19: 00, Johnny B. Goode en la radio…

El verano del 2016 fue especialmente atípico: un día lloviznaba y al siguiente terral, un día la bruma ocultaba toda la ciudad y otro ni una nube sobre el cielo. Lo que parecía imposible era evitar ese calor, tan pegajoso y húmedo característico de Málaga.

Rondaban las 19: 00, Johnny B. Goode en la radio del coche para volver a casa. Las ventanas bien abiertas y el brazo extendido para refrescarse bien. En la otra mano una empanadilla recién comprada que, junto al café de por la mañana y cualquier porquería para picar por la noche; completaban su dieta estival. Cantaba, por supuesto, con la boca llena.

Eran días de desgana. Todo el mundo de vacaciones y el, pobre tonto, aplazando las suyas por el bien del proyecto; ese del cada jornada se sentía más dsplazado. Pero uno debe hacer lo que tiene que hacer.

Debió coincidir con el día del claxon, pues todo el mundo lo utilizada para quejarse incluso del colorado del semáforo. Aparcar en la calle tampoco ayudaba, y menos en la semana de feria. Las calles se asemejan a un estercolero. Y sin embargo, ya en casa, era incapaz de pensar en otra cosa. «Si hacemos esto de esa manera… o de esta otra…Si pudiésemos hacer aquello… si al menos me dejasen hacer lo otro…» Francamente, cada vez que se lo planteaba estaba menos convencido de nada. Lo mismo importaba que lo echaran de la empresa o que el cogiera la puerta y se fuese, y la verdad es que ambas parecían igual e probables.

Quizás con un trozo de pizza sobre la mesa, pero sí recostado sobre el sofá y zappeando por buscar con qué pasar el rato antes de irse a la cama; se abrió la puerta y entró ella. Tres días antes de lo previsto, cargada de bolsas y maletas, más alta, más rubia y más guapa que nunca. Así la vio al llegar, iluminada. Como si su propia sonrisa fuese quien había llegado a visitarle por sorpresa.

mano al aire

Deja un comentario