Vamos a ello

Espacio para pensar en voz alta de Angel Arias

Esta noche el invierno llega tarde.

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Ya no siento el frío que da el caer del Sol. Esta noche el invierno llega tarde. Esta tarde vi las hojas caer demasiado pronto. Hace un par de ratos que cambiamos el huso horario y aún sigo buscando donde meter la hora que me sobra, la que hace que la noche me envuelva antes.…

Ya no siento el frío que da el caer del Sol. Esta noche el invierno llega tarde.

Esta tarde vi las hojas caer demasiado pronto. Hace un par de ratos que cambiamos el huso horario y aún sigo buscando donde meter la hora que me sobra, la que hace que la noche me envuelva antes. A mi y a tantos. Y sólo según deja el viento, la calzada se estrecha por culpa de las hojas de marrón a amarillo que caen desde fuera en los caducifolios lados de hayas o álamos. Se respira tan bien al salir a correr por ahí… Y ves que el río sigue su curso, que va en dirección opuesta a la montaña y no entiende de tus metas. Y para que no se descontrole todos tienen parques y bloques de pisos a sus lados. Bueno, el mio no. El Geníl tiene a su paso por mi barrio una vereda que lo marea. Ventajas de vivir lejos.

071219-swiss-alps-02De dos a cuatro pasé la zona seca. Un tramo de calor bajo el cielo que juega al escondite, que para subir al pantano pasa por varios túneles. Tiempo de carretera y manta, hora de irse de aquí. Recogimos lo bártulos y las guitarras mucho más rápido de lo que las colocamos, sentimos esas ganas irrefrenables de demostrar lo que valemos. Hacernos oír. A veces con eso basta. Pero lo que viene después del mediodía es duro, nunca justo: nadie va a ponerse a producir ahora. Ni un alma va a ser más que nadie.

El mediodía es el verano porque la mañana es la primavera: empieza fría y, poco a poco, tu haces que entre en calor. Y no hay como viajar al pasado para verlo venir y para hacerlo llegar. Es eso de empezar a preguntarse ¿qué hubiera pasado?.  ¿A qué narices juega?. Pero no hay dios que lo entienda. Se van las últimas luces que restaban encendidas y llega el Sol; esa es la única verdad, y tampoco es única. Depende del día y de donde te sientas. Por ejemplo, cuanto más al norte, por experiencia, sé que los amaneceres son más borrosos, nublados o invadidos por la bruma. Cautivados. Cautos y cautivos. Como dijo ella, misteriosos, místicos y hechizados. Hechizados. Embrujados. Embriagadores.

Esta noche no puedo dormir. Otra vez igual, siento los pies tan fríos. Y eso solo puede significar una cosa: que mañana no haré nada en condiciones. Mañana me sentiré como una improvisación, una canción que suena porque si. Se bastante bien como esconderme y leer ese libro rojo que dejé pensado para el baño, rojo tapizado en cartón duro que perdió cuatro folios en blanco allá por la página 162 y 166 de Rebeca y su clave, de aspecto militar y espionaje frío. Joder, que frío. Ahora siento el frío que da el caer del Sol. Pero mi cuerpo quiere quedarse candente antes de vencerme el sueño. Esta noche haré que el invierno llegue tarde.

Para que todas esas bobas personas dejen de soñar despiertas con lo que extraños le cuentan y se dediquen a dibujar el sueño en vida, que me lleven a la selva de aventura.

Dulces sueños.

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