Vamos a ello

Espacio para pensar en voz alta de Angel Arias

Medio llena

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Sueña el hombre infeliz que su futuro estará colmado de dichas que le haga sentirse lleno, de trabajar en aquello que le haga sentirse realizado y afrontar con victorias tantas derrotas como sean necesarias. Dibuja en su mente un plano de la realidad boyante, ufano y puro; pero no sabe como trazar la linea que…

Sueña el hombre infeliz que su futuro estará colmado de dichas que le haga sentirse lleno, de trabajar en aquello que le haga sentirse realizado y afrontar con victorias tantas derrotas como sean necesarias. Dibuja en su mente un plano de la realidad boyante, ufano y puro; pero no sabe como trazar la linea que le lleve a el, en la que arrolle por el camino a esa persona que comparta sus días con él, que lo haga dichoso por ello, que viva con tanta o más pasión sus proyectos y locuras.

Y desde la terraza, sin embargo, apunta a solas el telescopio dirección a la Luna para volver a sentirse pequeño. De mil grises y blancos, cráteres y llanuras, inconquistable. Se siente pequeño, y vuelve entonces a sentir ese amor extraño por la ciencia, ese inexplicable hambre por saber tan propio de su especie, curiosidad de la niñez por todo lo desconocido.

Pero en vez de responderle, la reina oscura vuelve a hacerle caer en la duda que le planteaba, tiende a profundizar en la dicotomía, separa más aún las distintas suertes de su disyuntiva.

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El fuego colorea el cielo, hoy madrugada del quince de agosto, y a dos tardes de que parta el vuelo aún no tenía claro si lo debería coger. Pero no queda tiempo. De esta botella no pasa. El mejor de sus whiskys tamiza el hielo al que apenas cubre, el vaso es ancho y transparente. Y mientras el decide a donde ir, su despedida ya la celebran millones de personas en todo el país. Personas, si, pero no su gente.

El timbre suena abajo, y entonces se percata por vez primera del ruido. Afuera, amigos y familiares aguardan. Llegan encabezados por su hermana y quien hiciera en los años las veces de su compañera sentimental, y las dos lloran. En el abrazo, entra en el pario un pastel a juego con muchas de las camisetas que, sobre fondo de nata y merengue blanco, con letras rojas de fresa o similar reza: Orgullosos.

La tarta es para todos ellos. Fantasmas que me invitaron a la fiesta que nunca dí, compañeros de viaje del pasado que define a cada uno de nosotros. Y no falta nadie. Al alba, cuando todo el mundo empieza a entrar en silencio y preguntar llega la hora de perder la cobardía y dictar sentencia:

-Creo que acabo de tomar una decisión.

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