Y morirme al dormir, todas las noches. Y al despertar sentirme perdido, sin saber que hacer, como recién nacido. Así quiero vivir todos y cada uno de mis días. Como un estúpido enamorado.
Eso es. Es lo único que me agita la cabeza ahora que estoy en la cama y gano los primeros minutos del día para mí. Sólo para mi y mis mierdas. Sólo para pensar. Sólo para verme así: un cuerpo desvergonzado entre una sabana azul y una ventana abierta, pero sin aire. Preocupado por mí.
Pero,por más que lo intente, hoy no depende de mí mi propia felicidad. Y eso si que es una locura.
Mañana, al despertar y recuperarme del letargo, intentaré poder hacer algo de lo que ahora mismo sueño despierto o pienso mientras me duermo. Ahora mismo…
Qué cojones. Cojo una libreta y me voy ya.
Los días pasan y me siento cada vez más joven e inexperto, pero cada vez más consciente y atento a lo que le rodea. Los días se van, pero las noches no. Y una de estas tendré que aprovecharlas todas.
Corrí más de lo que tenía pensado. Cuando miré atrás vi que me alejé más de lo que podría nunca volver a retroceder. Andando. Y me dio el amanecer en la playa y yo, más confuso aún, no pude hacer más que quedarme paralizado. Contemplar. Imbécil perdío.
Y al rato, el Sol de cara me quemaba los ojos. Perdido como andaba quise empezar a desandar mis pasos, a volver a un punto del camino que conociese, desde el que pudiera volver a empezar, a fijar un destino sabiendo cómo hacer para llegar. Pero en la vida, como en la playa, nada funciona así. La marea borró mis huellas. O dibujó mil más. Y ya no sé que hacer,
O quizás sea esa la única solución. No vine aquí sabiendo lo que buscaba, pero lo encontré. En esta vida, volveré a encontrarme entonces sólo cuando no me busque, ande sin rumbo y sin sentido. Signifique lo que signifique, siempre me llevaré conmigo.

Deja un comentario