De nuevo llega la última fecha, el día en que parece que se decide el trabajo de tanto tiempo. Como si nada de lo pasado importase. El día de la carrera, la última época de exámenes, inexorable. Debería serla. Pero con nuestro historial, ¿quién sabe?
Porque es así de patético: no importa lo aprendido, lo vivido… pasado.
Nunca importó. Nunca me importó. Desde el primer día aquí, un viejo rockero me enseñó que lo importante es vivir cada día como si se quisiera recordar por el resto de los días, no esperar nada del futuro, pues así te sorprenderá; no levantarse un día y sentir que lo que se hace hoy no te acerca a donde quieres estar mañana.
Por los pasillo se rumorea: -¡Llega el día del juicio!
Y la verdad es que todos los días debería serlo. Todos los días habría que pensar en las historias que queremos contar mañana. Aunque sea de manera inconsciente.
A mi, todas las mañanas, el espejo me devuelve una sonrisa, aunque aún no se si se alegra de verme o se ríe de mi.
¿Y mañana? Mañana empezaremos de nuevo. Mañana vivir será como volver a nacer, sin saber que hacer. Dudar, eso es lo que nos hace vivos, lo que nos hace superiores a cualquier máquina.
Será cuestión de olvidar., de volver atrás. Pero ¿hasta cuándo?
Será cuestión de olvidar… lo imposible.

Deja un comentario