No me gusta Málaga, la gente aquí es muy sosa…
No me gusta nada Málaga, es demasiado grande para mi…
Odio Málaga. Está demasiado lejos de ti…
Había empezado muchas veces la misma carta, y todas hechas una pelota acababan encestadas en la otra punta de la habitación. Menos esa.
Llevaba cinco minutos parado delante de ella, mirándola, absorto. Y hasta que no decidió que nunca la mandaría, no logró tener valor para continuar
…Vine pensando que la ingeniería sería fácil, constante, pero plausible. Que yo era bueno. Que el resto era esperar. Y el tiempo, mi aliado, me dejó de lado. Y mira que le sigo esperando. Pero la realidad a veces me sacude en la cara cada vez que trato de ocultarla. No se ser así. No sé vivir como nunca he sido. Pensaba que podría cambiar, que quería vivir a mi aire, sin vosotros. Pero uno no puede vivir sin una parte de su ser…
Empezaba a sentirse confiado. A creer en lo que escribía, fuese cierto o no. A crear una historia. Aprendía a manejar la pluma.
…Estoy aprendiendo a estar sin eso que me daba de comer, fuerzas. Ahora se lo que era vivir con vuestro cariño. Y aunque suene demasiado sentimental, o aunque no debería sentirlo, es tal cual. Te extraño.
A veces te imagino en la cocina, como en aquellas noches en que pretendía agasajarte con la cena y hasta quemaba lo más básico. O pintando, como si el piso fuese nuevo, nuestro, riendo y pintando las paredes. Y sé que, el día que lo consiga, quedará en tu retina. Te extraño.
De nuevo, se quedó plantado frente al trozo inerte de papel, manchado más que escrito. La letra era lo más parecido a un registro de un terremoto, temblorosa cuanto menos. Pero fue eso lo que le hizo ver que era capaz de mucho más de lo que dejaba ver, incluso para si. Esta vez la dobló. La dobló solo un par de veces y la escondió entre los libros de clase, donde nadie buscaría. Y volvió a empezar.
Me encanta Málaga. Me ha hecho ver que te echo de menos…

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