Mi existencia es algo extraña. Toda mi vida representa algo raro, inquietante. Soy el héroe y el estrafalario personaje de los cuentos Grimm. Quiero tener miedo a perderte. A veces no te lo digo, pero pienso tan raro tan espontáneamente que el cambio hasta me asusta.
Necesito de la voz de tu cordura para sonar normal. Y no lo soy.
«You can’t always get what you want» – The Rolling Stones (abrir ventana aparte)
-¿Recuerdas antes cuando yo trataba de enamorarte?
-Eras muy gracioso. Temblabas.

Era curioso imaginarlos juntos. Él, que nunca dejaba mostrar cuales eran sus verdaderas prioridades frente a la mayor de sus debilidades.
Desde su plataforma en la esquina del sofá, acurrucado hacia un lado, totalmente expuesto, congelado por el frío que se contemplaba tras la ventana, jersey verde de cuello alto con las manos sin sobrepasar las mangas, las gafas en la mesa y una manta que cada vez protegía menos sus pies descalzos para no ensuciar el sofá.
-Te reías de mi.
-¡Por supuesto! ¡Te volvías loco, canturreando los Beatles y a los Rollings a todas horas y haciendo el tonto!
–¡…BABY YOU CAN DRIVE MY CAR…!
Solían imaginar como hubiera sido todo si ella no se hubiese ido. Perdían horas pisándose el uno al otro la narración de personajes en escenarios fantásticos que se perdían, pretendiendo hacer ver que detrás de la historia nunca había mayor deseo. Más de una cena había quemado el distraído, más de una copa de vino había ahogado las lágrimas que ella no dejaba soltar tras aquellas llamadas.
Pero ambos lo sabía. Muchas veces se hacían ver que quizás era posible, negaban la realidad que vivían en el presente, revisaban en la intimidad cada paso que dieron para acabar distanciándose. Ahora ambos tenían pareja, incluso él había comenzado a formar una familia. Sin embargo, por mucho que estos lo supiesen todo, no podían hacer nada para evitar que siguiesen en contacto, que siguiesen siendo amigos, escapándose para verse de vez en cuando, que continuasen fantaseando.
Ahora, cuando se suponía que debían comportarse como adultos, ellos eran los únicos culpables de aquella relación. Y parecía que tenían la obligación de acabar con ella.
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