Hay tantos días nublados como soles en mi vida, tengo tantos Domingos vacíos como parejas frente a un atardecer. Las historias que pasean gritando por mi cabeza siguen su camino por más que yo trate de llamar su atención. Y no se hasta donde podré seguir.
De vez en cuando pasa. Vas y te enamora de la persona indicada. Surge el golpe perfecto. Descubres el acorde con el que tantos soñaron y ahora despiertan. Las despedidas son tristes, pero se supone que yo debería tener ya experiencia. Como le pasó a aquél loco: por más que saltaba al vacío, siempre podía volver a perderse en si mismo, en un torbellino, girando sin control alguno, como solía pasar.
Como en una manzana, el rojo se abalanzó a sus ojos, escondidos entre mis hombros y sus sollozos. Y a eso no se resistir. No sé cómo vivir así. ¿Cómo se cura el hombre que hace aquello que siempre atacaba? Cometí entonces el pecado que siempre quise reparar.

Hay atardeceres que no querrías contemplar. Hay mañana en las que no deberías suspirar. Pero siempre es mejor haber vivido que soñado que no lo hiciste.
Deja un comentario