Como otra cualquiera, una tarde perfecta para pasear, pensar y esconderse. Para perderse de todo eso que sabe que llegará y ahora no parece querer atacar. A la defensiva.
Y más perdido, siempre dando tumbos alrededor de la misma manzana, la segunda a la derecha -por que rodear una sola manzana era demasiado monótono, claro está-.
Aburrido, altivo, solitario, pero nunca solo, necesitaba tanto sentir esa necesidad de ser, de crear y expresar…
De vuelta al bar, de vuelta a ahogar todo grito desesperado en la fría jarra de cerveza, para que la garganta se congele y deje de querer decir sin sentidos.
-Está bien. Voy a por todas.
-Si, cómo no. Como siempre y siempre… Venga, ¿cuál es el motivo esta vez?
-Que no tengo motivación. Y, sin embargo, tengo que lograr lo mejor, lo impensable. Sé que me contradiré, pero no hay manera de destacar si no consigues destacar; si no sobre salgo, si no consigo nunca causar sensación alguna… -se lo pensó por un instante- No estaría conforme. No creo que sea ni soy capaz de sentirme bien, no habré cumplido.
-Ya… Te doy menos de una semana…
-Como siempre… Pero es lo de siempre, siempre quise hacer algo de lo que realmente pudiese sentirme orgulloso, algo con lo que alguien pueda emocionarse o quedarse pasmado.
-Al ritmo que llevas la carrera y con tus desvaídos, difícil como mínimo. ¿Cuál es el plan?
-Convertir mis salidas de tono en mi singularidad. Todo el mundo va a desear contratar al putero, estrafalario y genuino arquitecto en el que me voy a convertir. Así que emborráchame y vamos.

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