// De nuevo, una micro historia con banda sonora propia.
http://www.goear.com/files/external.swf?file=5fecfe7 //
Bajaba distraída por la escalera de su bloque cuando lo vio llegar al otro lado del cristal de su portal.
-Pensaba que habíamos quedado en la cafetería.
-Así te veo un rato más.
Como siempre, caminaron por el paseo del Salón, a la orilla del río Genil, cogidos de la mano confrontando el frío de aquella primavera que no parecía terminar de convencerse. Pero parecían felices, se les veía sonreir.
Cuando por fin se sentaron, el envolvió con sus manos las de ella y, mirándola fijamente a los ojos le dijo:
-Hoy me ha llamado la junta de la empresa.
-Dime que te han dado ese ascenso.
-Si
Con un rápido pestañeo, los dulces ojos de ella parecieron humedecerse.
-Enhorabuena, por fin te llega la oportunidad que llevas esperando toda tu vida.
-¿Estás bien?
-Estoy feliz. Por ti. En serio, no sabes cuanto me alegro
Esperó a que el apartase un segundo la vista de ella para escabullirse en dirección al baño del local. No iba a dejar que le viese llorar, de momento, aunque sabía que él era la única persona en el mundo que lograba consolarla. Siempre era así.
Iban ambos al estudio de radio donde ella trabajaba por las noches hasta las tantas, cuando el retomó la conversación:
-Aún no he aceptado
Ella lo miró más seriamente que nunca.
-No me jodas. No puedes dejarlo escapar. Ya lo hemos hablado, tienes que irte. Así que por favor, no juegues conmigo ha hacerme ilusiones…
-Pero yo…
-¡Cállate! No voy a permitir que me conviertas en la causa de tu infelicidad.
– (El suspiró)… te amo.
Por un instante ambos se detuvieron, cogidos de la mano, uno frente a otro, firmemente en pie frente al viento que comenzaba a soplar. Ambos sabían que no sabrían que hacer si llegaban a perderse el uno al otro, que el otro era la persona más importante que se había cruzado en su vida; pero también que no era posible. Por un instante, por un instante eterno se quedaron así. Mirándose, contemplándose, como si no lo hubiesen hecho nunca, como si no pudiesen volver a hacerlo. Parecía que no se conocían, porque ambos pretendían adivinar que pensaba el otro.
Nunca se permitieron amarse, nunca se dejaron querer por miedo a tener que despedirse. Y parecían haber estado de acuerdo, hasta ahora. Justo ahora.
Subió enfadada las escaleras que conducían la plató de radio y empezó su programa, con voz suave, dulce, como siempre.
-Buenas noches, compañeros de aventura. Hoy os voy a pedir un favor, y no es otro que empezar el programa con música. Un clásico de U2 para dedicárselo a todas esas personas que no hacen más que arremeter contra nuestra vida, destrozándonos poco a poco el alma; pero que si ellos esta vida no tendría sentido ninguno.
Acto seguido, se giró rápidamente y se escondió tras su brazo, tratando de que el micrófono que había dejado colgando no la escuchase sollozar.

Deja un comentario