Vamos a ello

Espacio para pensar en voz alta de Angel Arias

Sus ojos eran de ámbar (II)

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Allá a donde valla sigo oyendo su voz. No dejo de recordar su presencia. Aquellos malditos ojos. Todo pasó a un segundo plano después de obsesionarme con ella. Por todos los medios traté de evitarlo, pero no hubo manera. Y no tardé en darme cuenta de que, hasta que no la encontrase, nada volvería a ser igual.…

Allá a donde valla sigo oyendo su voz. No dejo de recordar su presencia. Aquellos malditos ojos.

Todo pasó a un segundo plano después de obsesionarme con ella. Por todos los medios traté de evitarlo, pero no hubo manera. Y no tardé en darme cuenta de que, hasta que no la encontrase, nada volvería a ser igual. Era algo tan estúpido que hasta a mi me sorprendió al principio, pero fue una idea tan persistente como  inaguantable. Y ni siquiera tenía por donde empezar…

Lo abandoné todo. Abandoné todo hábito de vida, todo aquello que debía hacer, simplemente no me importaba; para echarme a la calle y buscar, bagar y desesperarme hasta dar con ella…

Dejé de comer, de cuidarme, la chaqueta tirada y también de descansar para poder dormir allá donde cayese rendido, picar lo poco que  me encontraba y conocer gente que me encontraba a mi. Aprendí a vivir la vida de quien no la tiene, quien no es dueño ni de la suya. Me ahogué en mi mismo, me perdí… Ni amigos, ni familia, ni nadie de mi anterior vida quiso ni quise que se involucrase en ayudarme, era mi aventura. Lo eché todo a perder. Tal llegó a ser mi locura que que olvidé todo lo que tuve o tenía.

Fracasé.

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