Es increíble, la cantidad de ideas, la cantidad de genialidades que hay a nuestro alrededor esperando a ser escuchadas, puestas en práctica, estudiadas y aún así se desperdician. Ni siquiera cuando se aprueban como la mejor opción, a veces incluso no habiendo otra oportunidad, algunas de las más brillantes escenas son rechazadas por… ¿por qué, si nisiquiera hay queja ni alternativa?
Seguimos siendo estúpidos, ajenos a nuestros sentidos. El ser humano es acojonante:

Incluso a sabiendas de que una opción concreta es la mejor, resulta que siempre opta por la que más se le opone.
No se cuál es la chispa que prende toda idea, cuándo o por qué llevamos a cabo la metamorfosis que nos condujo de lo sensato y racional a lo simplemente humano; porque todos cometemos errores, y por supuesto que es comprensible cometerlos, pero lo injusto es hacer de ellos la excusa perfecta.
Hasta a la mente más retorcida le parecería estúpido que, para conseguir algo, se hiciese siempre lo contrario y encima se exigiese que diese siempre resultado.
Deja un comentario