Vamos a ello

Espacio para pensar en voz alta de Angel Arias

Amanece que no es poco

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Primer domingo de Agosto y ni me encuentro entre las sábanas. Mareadas, están fundidas a mi piel, enredadas en la pierna izquierda y mi cuerpo entregado al sudor. Hasta la almohada se queda pegada. Entre las palmeras, el Sol se las ingenia para apuntarme directamente. Sin edificación alguna delante, sale por una esquina del horizonte…

Primer domingo de Agosto y ni me encuentro entre las sábanas. Mareadas, están fundidas a mi piel, enredadas en la pierna izquierda y mi cuerpo entregado al sudor. Hasta la almohada se queda pegada.

Entre las palmeras, el Sol se las ingenia para apuntarme directamente. Sin edificación alguna delante, sale por una esquina del horizonte del mar. Aunque hoy la culpa es mía. Hace unas horas no encontraba las llaves, y la ventana del apartamento me parecía de nuevo la mejor opción. De hecho, si no fuese por el detalle de que una persona ebria no es capaz de pensar más allá de los próximos cinco minutos, me parecería mejor opción incluso que la puerta.

Arrastrando tanto los pies como para que parezca me voy derritiendo por el pasillo llego hasta el baño. Agua. Cuando por fin consigo enfocarme en el espejo veo a un hombre con más barba que melena, hace días rapada y ahora extrañamente lejana. De nuevo hago por encarar el pasillo hasta la cocina y allí, sin la rodilla derecha que se quedó en el marco de la puerta, me cuelgo de la empuñadura el frigo. Dos litros de leche por cuatro o cinco de cerveza.

-Ah.. joder. Lo que sea,,.

Con la resaca me sienta bien un café, leche, hielo y tostadas, aceite y mucho tomate antes de dormir; total, hasta las ocho de la tarde no entro a trabajar. De exprimir el zumo mejor pasamos. Salta la tostadora y, segundos después, creo escuchar gruñir a un animalejo por ahí.

wallpaper paisaje

Tostada en ristre consigo asomarme a la habitación y por fin me acuerdo de algo: de ese culo. Empiezo a recordar esa espalda desnuda, esa cintura bajo mi mano desgastada, sus pechos ahora ocultos, coquetos, firmes, jugar con los cubitos de hielo. Imágenes sueltas de como sonaba su sonrisa, sus ojos verdes y su pestañeo, Me veo escuchándola con una voz despreocupada, pero no podría dibujar su cara completa. Sonrío para mi al dejarme caer contra la pared, pero la muy cabrona se puso más lejos de lo que parecía en el último momento.

La cabellera morena empieza a moverse, lentamente se retuerce y busca una mejor postura, que la aleje de la luz. Estira primero los brazos y luego los recoge, encerrando mi almohada en un abrazo en el que echa la cabeza. Mientras echo la cortina vuelve a gruñir.

-..ummmh… Te doy un millón de dólares si consigues no hacer ningún ruido…
-Pues no sé si ronco mucho, la verdad..

Un bostezo la ayudó a girar la cara hacia el lado de la cama en el que me dejaba caer y rebotar, colocarme de costado. Cuando terminó, se levantó el pelo de su ojo derecho con la mano y preguntó:

-¿Y tu nombre era..?
-Angel. Aunque no sé cual te dije anoche.
-Entonces, buenos días, Angel.

Y se durmió

 

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