Vamos a ello

Espacio para pensar en voz alta de Angel Arias

Catarsis

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Seis días y más de veinte cafés después nada cambia. Llevo tres noches seguidas en vela para llegar a tiempo de entregar un par de trabajos… para los que me quedo dormido a la hora de la entrega. Cafeína. Me empiezo a dar pena. Mi catarsis es un poco estúpida: No he ido al resto…

ParqueSeis días y más de veinte cafés después nada cambia. Llevo tres noches seguidas en vela para llegar a tiempo de entregar un par de trabajos… para los que me quedo dormido a la hora de la entrega.

Cafeína.

Me empiezo a dar pena.

Mi catarsis es un poco estúpida: No he ido al resto de clases. Me he quedado en un parque escribiendo. Con la mirada entornada y el Sol en la frente. Pero la primera sonrisa sincera me la han conseguido arrancar esas personitas enanas. Merece la pena.

Vivir un poco, a veces, es necesario.

Incrédulos, inocentes y curiosos. Sobre todo eso último.

Uno de dos gemelos es el alma de la fiesta. No para de correr alrededor del resto. Otra me mira. Fijamente desde el columpio. Seguramente, desde aquí, a la madre le asuste. No le culpo.

Pero esos mequetrefes siguen riendo. Y lloriquean si se para el columpio. Andan como patos.

El reproductor de música tampoco ayuda. La canción que consigue alterar mi ensimismamiento reza: «Hasta que el cuerpo aguante».

En un lugar lejos del confort todo parece ser nuevo. De esta ciudad sólo recuerdo el rechinar de un frenazo, infinidad de cláxones y voces y la cara del pequeño sobre la torre del castillo de madera en el momento del atropello. Intrigado.

Debería haber hecho esta parda antes.

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