Desde aquí arriba se ve todo el valle. Y es ahora cuando me fijo en esa luz. Todas las noches, a la misma hora, alguien envía un mensaje cifrado desde allí abajo. Es un código cifrado basado en golpes de luz. No es una hoguera, una linterna o una farola, pues al fijarse uno distingue el reflejo de la Luna. Noche que puedo, noche que escapo a intentar volverlo a ver. A veces más claro, a veces más tenue, pero siempre igual de exacto.
Un día subí a la colina con la transcripción del alfabeto en código morse: » Lo que hoy has conseguido fue gracias a tus ganas de saber. Imagina si te lo propusieses. Corre, Salta, Ama, Vive»

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