Aunque parezca que no queda nada grande por hacer, no cesará en el empeño. Tenia agarrado por las solapas a uno de los políticos más inflentes del mundo contra la pared y le restaban segundos para hacerle entender antes de que llegase el grueso del cuerpo de seguridad. Siquiera por las imprudencias que ya había cometid
o le sepultarían entre presos hasta el fin de su salud, luego era la última oportunidad y ambos lo sabían:
«Luche. Luche como tantos a los que hemos perdido por su palabra y mire de verdad por tantos como pueda. Vuelva a actuar como es y no como quieren que sea».
Entre voces y golpes se retiraba en volandas el joven ante la mirada primero atónita y luego profunda del mandatario al recordar que «Solo el pez muerto se deja llevar por la corriente»
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